Daniela Coral Cepeda: con ética se construye una sociedad más justa
- Albeiro Arciniegas Mejía

- hace 3 minutos
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En palabras de la abogada Daniela Coral Cepeda, ejercer el derecho implica más que conocer códigos y procedimientos, supone “poner el mundo un poco más en orden”. Su trayectoria, breve pero sólida, se inscribe en una generación de juristas jóvenes que buscan renovar la práctica legal con una mirada próxima a la ciudadanía.
Coral Cepeda no duda al explicar el origen de su vocación. “Estudié derecho primordialmente por el sentido de la justicia”, afirma. No se trata, aclara, de una adhesión abstracta a la ley, sino de una convicción íntima: el derecho como instrumento para hacer tangible la justicia en la vida concreta de las personas.
Hay en su discurso una insistencia ética que atraviesa toda la conversación: la necesidad de no ser indiferente frente a la injusticia y de convertirse en la voz de quienes no saben cómo defenderse.
Se graduó en la Universidad Mariana, institución que recuerda “con muchísimo cariño y gratitud”. Más tarde, amplió su perfil como conciliadora en derecho en la Universidad de Nariño, un paso que le permitió incorporar una dimensión práctica y resolutiva a su ejercicio profesional. Finalmente, su especialización en Derecho Contencioso Administrativo en la Universidad Externado de Colombia.
En un ámbito tradicionalmente asociado a la experiencia acumulada, Coral Cepeda reivindica el valor de la juventud como sinónimo de actualización constante, manejo de herramientas digitales y nuevas formas de comunicar el derecho. “Mi mayor reto es romper estereotipos sobre la edad”. Su apuesta es clara: acercar el lenguaje jurídico a la gente, hacerlo comprensible y útil en un contexto donde la distancia entre la norma y la vida cotidiana suele ser muy amplia.
Esa distancia se hace evidente en los casos que llegan a su despacho. En el ámbito civil buena parte de los conflictos, explica, nacen de una confianza mal entendida, una característica que atribuye, en muchos casos, a la idiosincrasia local. “Contratos informales, acuerdos verbales o decisiones tomadas sin asesoría previa terminan derivando en disputas que podrían evitarse”.
Cuando se le solicita un consejo para los jóvenes que están definiendo su futuro profesional, su respuesta se aparta de las fórmulas rápidas. “No confundir la velocidad con el éxito”, advierte. Frente a una cultura que premia la inmediatez, insiste en la importancia de la formación académica como base de logros duraderos. No se trata solo de abrir puertas, sino de que esas puertas permanezcan abiertas en el tiempo.
Profundamente reflexiva al abordar la situación político-administrativa de Pupiales, después de los lamentables hechos conocidos por todos, su respuesta abandona el terreno jurídico para instalarse en una dimensión más cívica. “No desprenderse de la ética”, dice. Para ella, la ética no es un complemento, sino el pilar sobre el que se construyen sociedades más estables y justas.
Es así como en una región donde la relación entre ley y la justicia sigue siendo motivo de debate, voces como la suya apuntan a la renovación. Y, sobre todo, a insistir en la idea de que el derecho bien ejercido, es algo más que un oficio para convertirse en una forma de intervenir la realidad y mejorarla.



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