• Albeiro Arciniegas Mejía

“Hacer arte en nuestro país es difícil”: Mery Yolanda Sánchez



“La creación literaria para mí ha sido un proyecto de vida y continúo con esa búsqueda que inicié desde niña”, dice Mery Yolanda Sánchez, una de esas voces literarias que dedican su tiempo a la creación en circunstancias que, como es común en muchos casos de escritores colombianos, son adversar.


Autora de La ciudad que me habita, Ritual para las noches y Dios sobra, estorba, Mery Yolanda es una poeta nacida en el Guamo, Tolima, quien reside actualmente en Bogotá y cuyos poemas, cuentos y otros textos han aparecido en diferentes antologías y magazines del país y el exterior.


Es complejo abrir un espacio o consolidar un nombre en la literatura nacional y Mery Yolanda Sánchez lo explica de la siguiente forma: “A nosotros no nos pagan por escribir, no tenemos un salario, lo hacemos como una necesidad del alma, tratamos de llegar a públicos diversos. Considero que hacer arte en nuestro país es difícil, sin embargo, lo hacemos porque, repito, ello se convierte en una necesidad del alma”.


Mery Yolanda Sánchez vive en Bogotá desde 1975, se desempeñó como contratista en varias entidades estatales, ha trabajado en la gestión cultural y como misional en literatura en el Instituto Nacional de las Artes, ha liderado procesos de formación con niños, jóvenes, adultos y comunidades alejadas del centro del país.


Dentro de su gusto literario destaca como escritores favoritos a Juan Rulfo, Ernesto Sábato, al Premio Nobel Gabriel García Márquez, que sigue siendo un autor vigente; en poesía, José Manuel Arango, Juan Manuel Rojas y, últimamente, varios nombres muy jóvenes como Tania Ganitsky, Camila Charry, Alexander Gómez, Liliana Moreno Muñoz, entre otros.


Escritora de vocación con nuevos libros inéditos y en un proceso de lectura permanente de autores contemporáneos y clásicos, Mery Yolanda Sánchez diseñó y ejecutó para el Comité de Derechos Humanos de la Personería de Bogotá el proyecto Puente Experimento Piloto basado en el teatro, la danza y la literatura en un propósito catalizador de la violencia intrafamiliar.


En relación con eventos como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, al cual ha sido invitada en varias ocasiones, considera que es importante para la difusión y el encuentro con otros autores y el apoyo que brinda a los poetas del mundo.


Sobre su obra poética se han escrito conceptos como este de Jorge Valbuena: “Con un tono y estilo conversacional–testimonial, la poesía de Mery Yolanda Sánchez, se instala en los ecos y rasgos de la memoria, configurando los detalles que se pasan por alto en la lectura episódica y generalizada, y nos revela con un enfoque narrativo: en primera persona, monólogos y descripciones líricas, los síntomas de la violencia que perduran intactos en el devenir de nuestras miradas”.


O este otro de Manuela Molina Cerezo: “En su poesía no pretende hacer denuncia, solo contar lo que siente que necesita contar. Le preocupa que el arte sea una mercancía, para ella el arte debería ser algo reparador y que haga visible la realidad que nos circunda, sin llegar a ser algo panfletario. De hecho, no podría hacer panfletos”.


Luchadora del día a día, Mery Yolanda Sánchez es una poeta que se debe conocer o encontrar en cada uno de sus poemas y ese es el mayor homenaje que se le puede hacer a los creadores. Establecer un dialogo que lleve a develar el misterio de sus creaciones. Hoy vive en La Candelaria, un sector de tradición cultural mítica, vive o sobrevive en medio de una sociedad fría y utilitaria que no tiene oído para las ocurrencias del lenguaje: sociedad que desahucia a los poetas, los calla o los elimina. Claro, comprenderlos es un asunto de cabezas mayores.

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