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Primo Rojas, humor negro y una forma de mirar el mundo

Foto del escritor: Albeiro Arciniegas Mejía
Albeiro Arciniegas Mejía
hace 3 horas
5 min de lectura
Primo Rojas, actor y comediante bogotano
Primo Rojas, actor y comediante bogotano

El actor, director y dramaturgo bogotano llegó al teatro para renovarlo. En él descubrió que aquello que durante años había hecho por instinto –hacer reír– podía convertirse en una profesión y, también, en una manera de observar las debilidades humanas.

 

Antes que el teatro se convirtiera en una vocación, Primo Rojas pensaba que su futuro estaba en los códigos y los tribunales. Estudió Derecho, siguiendo el deseo de su padre, un hombre convencido de que sus hijos debían ser abogados. Su hermano mayor había estudiado la carrera y él siguió el mismo camino.


El humor, entretanto, estaba en otra parte. En la casa y el colegio, en las escenas cotidianas en las que descubrió que podía provocar la risa de los demás sin proponérselo. Sus primeros espectadores fueron sus hermanos y su padre. Con ellos comenzó, sin saberlo, una relación con el arte que muchos años después terminaría convirtiéndose en una marca y una profesión reconocidas.


“Fue la cosa más sorpresiva para mí”, dice Rojas, pues el teatro apareció cuando menos la esperaba: al ingresar a una escuela de artes escénicas en Bogotá donde sintió que aquel territorio podía ser el suyo. Luego vinieron experiencias que terminaron de despejar cualquier duda, motivos aleatorios que, al final, permitieron que el teatro nacional se renovara con su presencia y su talento.


Vocación y talento en el arte colombiano
Vocación y talento en el arte colombiano

 Comienzo entre estudiantes

 

Primo Rojas hoy en día es un artista consagrado, quizá el mejor comediante de humor negro del país. Pero detrás de ese prestigio, hay un recuerdo que conserva con especial afecto: la primera vez que presentó su trabajo ante un público. Acababa de salir de la escuela de teatro. Había tomado la decisión de dedicarse a ello y sentía que debía responder a esa decisión. Unos amigos tenían un sketch dramático inspirado en la poesía de César Vallejo. Él decidió hacer humor. El escenario fue la Universidad Nacional de Colombia.


El ambiente universitario es un espacio receptivo a las expresiones artísticas. Los estudiantes son curiosos y están dispuestos a acompañar a quien empieza. Y para un actor que daba sus primeros pasos, aquello resultaba fundamental. Era un público capaz de aceptar los errores, las fallas y las inseguridades que son inevitables en las primeras etapas.


Y ocurrió algo más. Al finalizar su presentación, pasaron una mochila entre los asistentes para recoger dinero. La anécdota podría parecer personal, pero para Primo Rojas tuvo el sabor de una señal. Lo interpretó como un éxito y, también, como un buen augurio para la profesión que acababa de elegir. Rojas siempre ha partido de una convicción: reír es una forma de comprender. Y, en el teatro, encontró su manera de mirar el mundo y, por supuesto, de representarlo.

 

"El humor tiene que ser muy desafiante".
"El humor tiene que ser muy desafiante".

Darío Fo

 

Antes que recibiera el Premio Nobel de Literatura, Darío Fo, uno de los representantes del teatro de agitación política y satírica, se presentó en el Teatro Colón de Bogotá. Rojas asistió. Sobre el escenario había poco. “El artista, un buzo negro y un pantalón negro. Y no había escenografía”. Todo el espectáculo dependía de la palabra, del cuerpo, del ritmo y de la capacidad de interpretación de Fo para captar y sostener la atención del público.


Resultó una lección determinante. No se trataba únicamente de un hombre haciendo reír. Lo que encontró allí fue una concepción del teatro que dialogaba con una tradición mucho más antigua: la del humor popular, la improvisación y la inteligencia escénica de la Commedia dell’arte. “Improvisaciones de humor que hacían unos actores en su mayoría analfabetas, pero con una agilidad mental verdaderamente prodigiosa”. Fo había tomado elementos de esa tradición y los había llevado al teatro moderno. “El resultado era fascinante”.


“Me dejé impregnar de lo que estaba sucediendo y fue la influencia más directa y afortunada con la que yo me topé en el teatro”. Así, Darío Fo funcionó como una brújula. El estudiante que había llegado a la comedia, casi por accidente, encontró allí una forma de entender la profesión y, al mismo tiempo, una confirmación de algo que llevaba dentro: el humor como un espejo.


En este punto, Rojas considera que el humor tiene que ser muy desafiante. “Viene a ser supremamente constructivo porque logra señalar debilidades de la sociedad, de las personas, de nosotros”. El humor es un método que burla las buenas maneras, la censura del poder y la moral decimonona y tiene la capacidad para acercarnos a aquello que normalmente evitamos. Pone al individuo frente a un espejo y el espectador puede ver en él la imagen de su espíritu ridículo, contradictorio y vulnerable.


“Y precisamente porque está riendo, puede aceptar esa imagen con una libertad que quizá no tendría ante una crítica directa”. De alguna manera, la risa disminuye el peso de la culpa y la incomodidad. Permite reconocer los defectos sin quedar aplastado por ellos. “Nos libera”, dice Rojas.


Desde esa perspectiva, la comedia no representa una huida de los problemas. Puede ser, por el contrario, una manera de acercarse a ellos. Allí donde existe la posibilidad de reír, también existir la posibilidad de comprender. Es el poder de la representación como la entendieron los griegos.


Rojas lleva esa idea incluso al territorio de las relaciones personales. Habla del humor como un elemento esencial en la convivencia y considera que las parejas que comparten un sentido del humor tienen una herramienta poderosa para afrontar las dificultades. No significa que la risa resuelva los problemas. Significa que puede cambiar la manera de mirarlos. Y esa diferencia, en la vida cotidiana, puede ser enorme.

 

Aprendizaje permanente
Aprendizaje permanente

La lectura y la conversación

 

En Primo Rojas no sólo se debe reconocer a un estupendo comediante, sino a una persona de una inteligencia muy aguda. Al dialogar con él inmediatamente se percibe que hay un humanista. Cuando habla del apartamento donde vive lo describe como pequeño, con una parte de la vivienda convertida en estudio, de los libros que lo acompañan. También de las películas y los documentales que ve con frecuencia. La televisión comercial no ocupa un lugar en su rutina.


Considera que un artista debe estar en proceso de aprendizaje permanente, “de una renovación constante. Es la mejor manera para adaptarse y estar en la vida”. Para él, cualquier persona necesita invertir tiempo, pensamiento en sí misma. Y la lectura cumple esa función preponderante.


Es común afirmar que los libros permiten pensar, descubrir otras perspectivas, ampliar la mirada, premisas que, en los tiempos que vivimos, se convierten en vitales. Rojas lo entiende de esa forma e introduce otro elemento: la conversación. Un diálogo inteligente es tan fértil como un libro. “Nos hace comprensivos. Las ciencias, las artes, la tecnología avanzan mediante conversaciones: entre investigadores, entre creadores, entre personas y aquello que intentan comprender”.


La defensa que Primo Rojas hace de la conversación adquiere una dimensión que va más allá de su oficio teatral. Conversar nos vuelve inteligentes. También más tolerantes. Y, en última instancia, mejores personas. Y entre lecturas y conversaciones es indudable que este artista encuentra en ello el terreno para alimentar sus proyectos.  


Sus espectáculos teatrales –Las botas del tío Manuel, El tímido y el amor, La elección de un marido, De cómo un pobre entierra a la mamá, entre muchas otras– recorren varias ciudades del país y constituyen la evidencia de que este bogotano, además de consagrado, es un artista que conoce las complejidades del espíritu humano y los problemas contemporáneas. Así, el arte nacional encuentra en Primo Rojas a uno de sus más excelsos representantes, un motivo de orgullo por sus calidades artísticas, intelectuales y humanas.

 

Innovación y calidad
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