San Miguelito y una música que dejó de pertenecer a Boyacá
- Albeiro Arciniegas Mejía
- hace 19 horas
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La historia de Efraín Albarracín Barón parece escrita como una copla: un padre bogotano enamorado del rock, una madre boyacense arraigada a la tradición campesina y tres hermanos que crecieron escuchando, con la misma naturalidad, guitarras eléctricas y requintos. De ese encuentro nació San Miguelito, banda que contribuyó de manera radical a renovar la carranga sin romper vínculos con sus raíces.
Según Efraín, director del grupo, el nacimiento de San Miguelito se sintetiza en una imagen inmortalizada en una de sus canciones, El rock carranguero. Su padre llegó desde Bogotá a Boyacá durante los años ochenta con la ilusión de encontrar una compañera que compartiera su pasión por el rock. Sin embargo, la historia fue distinta. “Él llegó buscando una buena roquera, pero terminó encontrándose una buena carranguera», recuerda Efraín.
De esa unión nacieron los tres hermanos Albarracín Barón. Mientras en casa sonaban las grandes bandas del rock en español, también estaban presentes los aires campesinos de Boyacá. Aquellas dos influencias, aparentemente opuestas, terminaron convirtiéndose en el sello artístico del grupo.
“Fuimos creciendo alimentándonos de esos dos géneros y un día pensamos que podían convivir en una misma banda”. Y lo que empezó como un experimento infantil, enseñándose unos a otros a tocar instrumentos, terminó consolidándose como una de las propuestas más reconocidas de la música carranguera contemporánea del país.
Entre la tradición y lo nuevo
Efraín Albarracín sitúa a San Miguelito en un lugar intermedio dentro de la historia musical. Para él, la agrupación pertenece a una generación puente entre los pioneros de la carranga y los nuevos exponentes que hoy recorren los escenarios colombianos. Una circunstancia que los llevó al reconocimiento y a los premios y nominaciones importantes y también a abrir un camino estético que numerosos grupos adoptaron posteriormente.
“Hoy cerca del 80 % de las agrupaciones carrangueras utilizan un formato muy parecido al de San Miguelito”, dice Efraín, quien explica que la música impulsada por Jorge Velosa durante los años ochenta, nació para dignificar la vida rural colombiana dentro de su compleja cotidianidad e idiosincrasia.
Las canciones hablaban del trabajo agrícola, del cuidado de los animales, de la naturaleza y de las costumbres del campo mediante un formato acústico basado en requinto, tiple, guitarra y guacharaca. San Miguelito decidió conservar ese espíritu, pero incorporó nuevos lenguajes.
A finales de la primera década de este siglo añadió batería, bajo eléctrico, guitarras eléctricas, congas y arreglos contemporáneos que acercaron la carranga a nuevas generaciones. Además, las letras comenzaron a reflejar una realidad distinta: la de jóvenes criados en la ciudad, aunque profundamente vinculados al mundo campesino. “Somos gente de ciudad, pero con un fuerte apego por el campo”.
Uno de los cambios más importantes que se presentó durante estos años es la expansión nacional de la carranga. Si durante décadas fue considerada una expresión propia de Boyacá y algunos departamentos vecinos, hoy encuentra público en regiones muy distintas del país.
Albarracín destaca precisamente el cariño recibido en Nariño, departamento que la agrupación visitó en varias oportunidades. “La música carranguera dejó de ser únicamente de Boyacá para convertirse en un género de todos los colombianos”, asegura.
Pero lejos de limitarse a producir material inédito, San Miguelito trabaja hoy en un proyecto de recuperación patrimonial y, así, prepara un álbum dedicado a los grandes clásicos de la carranga. Su objetivo es presentar un repertorio de características históricas con una nueva sonoridad para acercarlo a las generaciones más jóvenes.
Después de veinte años renovando la carranga, San Miguelito quiere volver la mirada hacia quienes hicieron posible el nacimiento del género. Una forma de recordar que toda innovación solo adquiere sentido cuando conoce y honra el camino recorrido por quienes llegaron primero. Éxitos a San Miguelito.