Dary Hortúa, entre el legado y la voz propia
- Albeiro Arciniegas Mejía

- hace 3 días
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En la música popular, el apellido puede ser una bendición y un desafío. Dary Hortúa, hija del inolvidable Jorge Luis Hortúa, camina esa cuerda floja con bastante naturalidad. “Gran parte del camino no lo recorrí yo”, admite. “Mis padres me entregaron una carretera pavimentada; a ellos les tocó abrir trocha con machete”.
Dary nació en Cali, aunque su crianza transcurrió en Fenicia, en el norte del Valle, y ese tránsito entre la ciudad y el paisaje rural es la matriz emocional de su repertorio. En ella, la música popular –con su épica sentimental, sus derrotas amorosas y su orgullo campesino– encontró un cauce muy temprano. A los 15 años decidió que cantaría como su padre y a los 17 lanzó su primer sencillo.
Jorge Luis Hortúa
“Encantador, espiritual, dulce, afectuoso”, son los calificativos de Dary Hortúa para su padre, una de las voces más queridas del género popular en el suroccidente colombiano. “No se fijaba tanto en las notas como en los principios”, dice cuando se refiere a la educación que recibió de él. Se deduce que la prioridad para Jorge Luis era formar personas antes que un profesional a secas.
Entre giras y promociones, el artista llamaba a casa para asegurarse de que nada faltara. Pero la muerte prematura del cantante, en Dary transformó el dolor en un motor. “Todo se convirtió en un sueño”, dice ella. Pues la acogida del público fue maravillosa, ya que parte de sus seguidores provienen del fervor que aún despierta Jorge Luis. Otra parte pertenece a una nueva generación que reivindica la música popular femenina en el país.
El espectáculo de Dary Hortúa es versátil: puede adaptarse a grandes escenarios o a tarimas rurales, incluso a presentaciones ecuestres, en sintonía con el auge de los eventos equinos. En varias ocasiones ha compartido escenario con Arelys Henao, La reina del despecho, con quien interpreta una canción.
Y si en esta historia hay un territorio simbólico es Nariño. En municipios como Llorente se consolidó la carrera de su padre y a ese lugar regresó ella con una mezcla de gratitud. También el Cauca forma parte de esa cartografía íntima. Y, así, consciente de su linaje, la vallecaucana apuesta por la permanencia. “Todos los padres quieren que sus hijos no sufran las desdichas que ellos pasaron”, reflexiona.
Con Dary Hortúa hay una historia de continuidad, cantar para honrar, pero también para afirmarse. Y en esa tensión –entre el apellido y el talento de la voz propia– se juega el futuro de una intérprete que sabe que la herencia no basta, pero tampoco estorba cuando se asume con humildad y entereza los retos que se propone.



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